martes, 17 de enero de 2017

Meditar en vez de perder el año escolar. Entre Miedo y Recogimiento

Leer la página Miradas, la segunda del semanario “Das Goetheanum” Nº 48 del 25 de Noviembre 2016, parecería confirmar la  expresión del empresario y traductor Francisco Schneider, quien falleciese a los 98 años, “No hay periódico más viejo que el de ayer”.

 Y queridos Amigos lectores todos los periódicos traen noticias de ayer y de un par de días atrás, como también hoy día como  se expresaba antes en radio “de último momento”. Sin embargo, repito,  esta forma sólo era usada en radio, pues era posible actualizar el matutino, así como el vespertino. Hoy para ello tenemos la repetitiva televisión, cada hora la misma noticia.

Así pues sólo escribiré los títulos de estas noticias  Futuro en relojería; Meditar en vez  de no pasar de grado o perder el año; Entre miedo y recogimiento; Decisión individual de vacunar; El arte en manos cálidas.

Meditar en vez de perder el año escolar

La escuela básica Coleman de Baltimore no apena a sus alumnos con  el repetir, sino los envía al “Mindful  Moment Room”.  La habitación es clara llena de almohadones. Los niños son estimulados nuevamente a centrarse a través de ejercicios respiratorios. Lo sucedido se conversa. El espacio surgió junto a la Fundación Vida Holística. Desde hace más de 10 años ofrece la fundación Ejercicios para prestar atención y Yoga en las escuelas. Muchas personas no confían que los niños puedan quedarse sentados en silencio. Y menos que aún lleven el “prestar atención“ a su casa. Más sí afirmativamente, los niños llevan el prestar atención hasta su hogar. Así lo relató una madre, cuya hija, cuando ella llegó a casa estresada de su trabajo, le dijo: “Hey mamá, siéntate, yo tengo que enseñarte como se respira”.  El programa trabaja tanto  el interior humano como el afuera. Un aula de niños escolares hace limpieza en los parques , en la plaza local, otros construyen jardines y  visitan granjas. En el mundo entero hay diversos proyectos para llevar el “prestar atención” a las escuelas. www.mindfulnessinschools.org

Creo que merece una observación detenida una noticia de este contexto y no es una novedad sino una práctica la cual ya se realiza.

Entre Miedo y  Recogimiento


Un Encuentro invita conocer las capacidades del alma juntamente con la meditación. Cada meditar intenta ser capaz de percibir más allá del mundo de los sentidos. El “alma consciente”  fue  llamada también por Rudolf Steiner “de alma a alma”.  Es aquel miembro superior del alma que en su vivenciar no está determinada, no está limitada por los límites de cuerpo físico, sino se puede abrir al espíritu. Con ello el alma en el comienzo de este estado pierde al mismo tiempo su acostumbrado sostén corporal. Esto genera claramente un mayor o menor grado de sentimiento de temor, de miedo realmente.   Por el otro lado el recogimiento es una íntima premisa para comprender al otro ser. Recogimiento es capaz de desarrollar, de desenvolver un ser más consciente del interior del alma. Este encuentro de trabajo “Motivos de la práctica meditativa” se realizará del 2 al 3 de Diciembre en el Centro Antroposófico de la ciudad de Kassel, Alemania,


lunes, 16 de enero de 2017

Amaryllis belladonna

Amaryllis belladona

Verano. Camino a la playa, hacia el sur de la provincia por la ruta de la costa de Buenos Aires, hay una tranquera  y un alambrado de púas como buena entrada de una antigua estancia que llega con su terreno hasta el mar. Con qué gusto he pasado por allí todos los años cuando Wolfram conducía hacia nuestras vacaciones. A Valeria del mar, nosotros decíamos al Nitra, tranquilo amplio cercano a la playa, poco para caminar y ya ver la arena, las olas y el amplio azul, tan igual en el horizonte, donde no se sabe donde comienza el cielo. Y allí está azul seda.
 O hacia Ostende, todavía un antiguo hotel renovado  y hoy con un restaurante en la propia playa. Ambas playas tranquilas después de las dunas y amplias y largas para caminar hasta Villa Gesell. Si  a uno le da el gusto, con buen sombrero de ala ancha para “no pelarse” la nariz por el sol ardiente. También sin olvidar la camisa de mangas largas y un pantalón liviano pues las pantorrillas pueden sufrir como la nariz.
Hemos visto en todos estos años. Cincuenta y tantos, crecer las playas, los hoteles, los pueblos  con gente que se ha asentado allí,  tienen trabajo y construyen sus casas. En el verano van a vivir “al fondo” y adelante su propia casa, la alquilan. Con ese extra pintan, agregan otra habitación, hermosean el  fondo, para estar más cómodos el próximo verano.
Pero yo quería hablar de la tranquera, le pedía a Wolfram que pase lento, pera ver  junto a los alambrados las bellas hileras de Amaryllis belladonna y hasta nos dijimos la próxima vez que vengamos no tenemos que olvidarnos de una palita.
Ayer y ya antes ayer han comenzado a florecer  en nuestro jardín, parecen crecer por minutos cuando ha llovido y aprieta el calor, los bulbos pelados dejan paso a un tallo y sobre el tallo se abre la belleza. Cuantas veces recuerdo al Ángel de la Anunciación cuando las veo enhiestas y me sorprenden sus siete flores rosadas mirando al frente, en nuestro jardín y en nuestra huerta mirando al Norte, hacia el calor...


 Ahora solo tenéis que hacer uso de vuestra  propia imagen:  la tanquera  a vuestro gusto, de madera, de hierro, o simplemente vieja tranquera de marco y alambre, ancha para dejar paso a un camión cargado de animales, el alambrado a los dos lados de ella y solo esos tallos llenos de flores rosadas a lo largo de los alambres, nada verde salvo un poco el suelo, pues allí hay bastante arena por doquier o es como este suelo que veis aquí de piedrillas o de conchillas traída de la cercana costa.


El patio de la escuela  Waldorf San Miguel Arcángel , aquí en Villa Adelina y no muy lejos de mi casa, es blanquecino , está lleno de conchillas ya en partes muy molidas  por las corridas de tantos niños. Cada vez que voy a presenciar una obra de teatro, un concierto, el coro de la escuela , o “La flauta mágica” de Mozart representada y cantada por los niños y por el coro de los padres, cuando  camino por ese patio, tengo presente las Amaryllis belladona, que están allá en la estancia cuyo terreno llega al mar, mientras aquí están las conchillas que vienen de allá, de aquellas las playas del sur de Buenos Aires mas allá del estuario del río Samboronbón., que desagua en el mar. en realidad en el Océano Atlántico aún sobre la plataforma submaria de la República Argentina.

La Loma, al anocher,  16 de enero 2017
Nina Czerni

Al Justo le llueve en la tumba.

Al Justo le llueve en la tumba

Un escritor está o estaba recopilando historias de colimbas y lo leí en el “Dr.Google”, como yo lo llamo, buscando Anécdotas Pampeanas, de donde copié Batuque. Y ahora hoy leí “El Bobby”- Al mirar por segunda vez no encontré más al escritor pero si  Contame una historia- Adultos Mayores UNR, lástima que no había un correo-e para enviarle la historia que vino a mi memoria.

Y recordé un relato. Marcos Schneider,  + en 2014 a la edad de 89 años, uno de los dueños y gerente ejecutivo de Fanacoa S.A. hasta su venta, fundador junto con su esposa de Hausbrot. S.A., un antropósofo de ley pues nació en un familia que estuvo en Dornach, Suiza,  en la  Asamblea de Navidad.  Donde en el Goetheanum,  Rudolf Steiner habló de la Escuela superior libre para la Ciencia Espiritual, de la Sección Pedagógica, de la Sección Medicina, donde salud, prevención y alimentación eran y serían temas principales. Y bajo alimentación el pan cotidiano. HausBrot, el pan casero, la casa de pan.

Marcos nos relató una anécdota de su época del servicio militar. La así llamada “colimba” en Argentina. “Le tocó” como se decía entonces,  caballería y así aprendió, aparte de saber navegar, el cuidado de “su” caballo dentro  del Grupo de demostración de las habilidades de los Jinetes de la Milicia, asentados en Rosario, o en Santa Fe, el lugar se fue de mi memoria.

 Sé que Marcos era hábil con su cuerpo, ágil y flexible aún en edad avanzada, y lo puedo imaginar en las fiestas camperas donde se demostraban los diferentes saltos y piruetas sobre la montura, parados sobre ella y el bravo animal cabalgado, al trote y al galope.  Le gustó mucho haber aprendido y logró hacerlo bien, fue una época feliz, se escuchaba en sus palabras esa felicidad.

Tal vez, si no erré en la cuenta, corría el año 1945, yo recién tenía cuatro años y no lo conocía en aquel entonces, salvo que sabía que una  “ucaraínka” , paisana de mi madre y posteriormente madrina de mi hermano, la señora Bárbara,” Varbarka”,  quién a veces nos visitaba de regreso de su trabajo y nos traía un riquísimo Jugo de frambuesas que se hacía en Fanacoa, donde ella hacía diariamente su tarea, ya sea en la fábrica o en la casa paterna de Marcos. En aquel entonces  la dirección de la fábrica  era  Pasteur 794, en la localidad de Martínez, en Buenos Aires, solamente a  10, 11 cuadras de la casa de mis padres.

El recuerdo de Marcos en su relato era melancólico y alegre a la vez, veraz y profundo. Creo que dejó una marca indeleble en él y aún en su larga vida con muchas otras anécdotas,  recordó en esa ocasión el hecho.

Hacía días que llovía, asentados en carpas y con todos los caballos a la intemperie, los colimbas quisieron hacer lo correcto y ataron a los animales bajo los árboles en ronda todos con la misma cadena, pensaron que estarían protegidos del aguacero,  por lo menos en gran parte bajo el ramaje.

La lluvia se convirtió en tormenta eléctrica, relámpagos y truenos asediaban y cada campesino sabe que resguardarse bajo los árboles es peligroso, pero estos muchachos citadinos de veinte años, sólo pensaron en la mojadura, hacía un par de días que llovía y llovía, no pensaron en la caída de un rayo, tampoco sus superiores.

 Y hay aprendizajes duros, el rayo efectivamente cayó en la arboleda y sobre la gruesa cadena.

Ni una cabalgadura quedó viva. Y todos tuvieron que cavar bajo la lluvia, cada quien hizo su propio  funeral, cada  uno cavó la tumba de su apreciado animal. Y junto con la lluvia el alma no se lavaba, no se aliviaba. Marcos recordaba la tarea en el lodo pues  “el campo tenía que quedar en orden” según las palabras del cabo primero, “sin cruces y sin montículos”. Y un caballo tiene un gran tamaño y así tuvieron que cavar, algunos colimbas toda la noche.

Bien se dice en idioma alemán  Dem Gerechten regnet es im Grab.   Al Justo le llueve en la tumba y así ocurrió con estos fieles corceles adiestrados con su joven jinete para la muestra de habilidades sobre la montura y al galope.


La Loma, 16 de Enero de 2017.

Tatiana Schneider

domingo, 15 de enero de 2017

La Profecía de los Druidas

Hace aproximadamente unos treinta años ya recibí esta versión castellana de la señora Rita Udewald. Ella actualmente es una señora de mucha edad  no vidente y sé que la visitan para leerle.  Por ello me he propuesto escribir este trabajo suyo de tiempo ha, referido a un relato de la señora  M. J. Krück von Poturzyn, la escritora y educadora de especiales  Theodora Maria Josepha von Poturzyn 8.10.1896 – 7.01.1968 ya  publicado en alemán. Ella fue la madre del  bebé Willfried Künert enfermo de hidrocefalia, del cual Rudolf Steiner da cuentas en el Curso de Educación Especial Antroposófica. Heilpädagogischer Kurs –Obras completas de Rudolf Steiner GA 317-- el cual contiene las casuísticas especiales que  Rudolf Steiner trató en relación a la Educación Especial Antroposófica, con los médicos, los educadores, y las enfermeras, de aquel entonces.

La Profecía de los Druidas

Cathal, el sumo sacerdote de los druidas, había encendido el fuego en la cima de la pequeña montaña Dun-I, como lo hacía todas las mañanas cuando el sol subía por encima de las cadenas de islas en el Este, Con paso lento caminó hacia abajo entre rocas húmedas y resbaladizas por las brumas nocturnas. Algunas ovejas se levantaron asustadas ante la figura humana envuelta en un manto de lana blanca. En los acantilados, cormoranes negros escudriñaban el mar. Cathal había ordenado a los sacerdotes más jóvenes que cuidaran los restos de las cenizas del sacrificio, pues su propia alma estaba inquieta: a ratos sentía algo como una advertencia  de un peligro inminente, a ratos le parecía oír una clara voz llamando desde el espacio a los espíritus del mar. Comenzaba la época más sagrada del año en la que había que investigar las fuerzas vegetativas de la primavera venidera, los peligros de enfermedades y la posición de los astros en los próximos meses. Hacía días que los druidas se hallaban ayunando y rezando, pero su penumbra interior no cedía y ninguna visión intuitiva iluminaba su honda contemplación. Uno de los alumnos se había despertado con gritos de un sueño profundo en el que había visto al sol caerse como una estrella, al tiempo que lamentos y júbilo compenetraban el círculo de los espíritus. No lo quiso creer antes de verlo con sus propios ojos: allí seguía la sagrada isla Iona, plácida como siempre en el medio del mar.
Duvach, el forastero de Irlanda, cruzó el camino de Cathal justo cuando este dobló por la última  roca. Allí crecía , aún en invierno, la cuajaleche amarilla, planta cuyas flores formadas de crucecitas minúsculas, eran veneradas por todos los druidas en todos los países. Cathal, dijo Duvach, con voz entrecortada. Bride, mi hija, no se ha levantado esta mañana. Pálida como la muerte yace en su lecho. Cathal, te ruego encarecidamente acompañarme. Si alguien puede hacerla regresar a la tierra, lo eres tú únicamente...”
“Estuvo enferma” preguntó el sumo sacerdote, “No, padre, sana y alegre se acostó anoche para dormir.”
Cathal bajó la vista cuando se acercó al lecho de Bride, tomó la mano fría de la niña entre las suyas, observando su respiración y su pulso. Finalmente pronunció las palabras en principio vedadas para oídos femeninos. Palabras cuya fuerza mágica hacía volver, las almas de los sumidos en el misterioso sueño iniciático, a su cuerpo físico. Pero Bride no se movía.
“Quizás nos hayamos equivocado cuando creímos que Bride estaba destinada para una vida especial”, dijo Cathal con expresión sombría. “Quizás la flor blanca que hemos visto en su regazo indique una temprana vocación hacia otras esferas. Dejádla reposar en paz y cuando ofrendemos el sacrificio por tercera vez a partir de hoy, se habrá de decidir cuál será su destino.”
Duvach, el padre, calló. Ninguna expresión de su corazón apenado habría de perturbar el camino de Bride a la eternidad. Mandó los perros a cuidar el rebaño de ovejas, manteniendo guardia él mismo en la entrada. Sólo dio de comer a los pájaros que como siempre venían a visitar a Bride, y a los niños y las mujeres que se acercaban les rogó que volvieran a sus casas. Las tormentas invernales agitaban el mar pero respetaron la isla en la que yacía, frío e inmóvil, el joven cuerpo de Bride. En los robles secos no se movía ni una hoja; el caballo blanco el amigo de la joven, estaba parado cerca de la escalera y no quería comer.
La tercera noche la luna se abrió paso por entre las nubes, y Duvach, al contemplar el rostro de su hija, creyó verlo envejecido de muchos años y su cuerpo rígido se sintió al tacto frío como una piedra. Pero el aire que le envolvía se mantenía puro y hasta le pareció sentir el perfume de rosas bajo su techo de juncos en esa noche fría de invierno. Luego quedó dormido, cansado por su larga vigilia, el largo silencio y su profundo dolor por la muerte de su hija.
Cuando se despertó por un momento no atrevió a moverse, no sabía si estaba soñando o si era realidad lo que veía. Cathal se hallaba en la habitación y la niña estaba sentada en la cama, la cara resplandeciente de felicidad interior. Con voz clara dijo: “Lo he visto, ha nacido y lo he llevado en mis brazos y con mis propias manos he podido envolverlo en una manta. Esta manta estaba tejida con la lana de nuestras  ovejas. Su madre es joven y su padre muy pobre. Nadie aún lo sabe, sólo los pastores que cuidan sus rebaños en los campos  Un ángel les ha dicho quién nació y todos vinieron para adorarlo.”
Cathal, el druida, se había caído de rodillas. Cabizbajo y con los hombros temblando preguntó: “Dime, Bride, ¿Cuál es su nombre?””Se llama Jesús, y el Dios al que ofrendas tus sacrificios al amanecer en la cima de la montaña Dun-I, descende hacia el a través de todas las esferas. Muy lejos hacia el Oriente, se encuentra el lugar de su nacimiento. Pero se lo encuentra fácilmente, pues resplandece como una estrella.”
Los tres, Cathal, Duvach y la niña, estuvieron callados un rato largo, tan largo que se olvidaron del tiempo y recién cuando oyron un fuerte resoplido desde la puerta, Duvach levantó la cabeza. Un toro de ancha cabeza con cuernos puntiagudos y una melena marrón que le cubría la cara, se había echado sobre el umbral. “Está hambriento, me he olvidado de él”, dijo Duvach, pero Bride sonrió, “No”, dijo, “El también quiere escuchar la buena nueva.”
Cathal se levantó entonces y salió. Cruzó campos, rocas y peñascos,para reunir a sus compañeros. Antes de la puesta del sol y del primer relucir de las estrellas quería sumirse en el sueño sagrado para averiguar si Bride había tenido una visión verdadera. Quería saber si el sacrificio que ofrendaría en el futuro estaría destinado al Dios descendido a la Tierra. Pero antes de acostarse mandó marcar en las santas piedras que tres días después del solsticio de Invierno Bride había vivido tres noches sagradas en ellas tuvo visiones de hechos por cuyas revelaciones los druidas darían sus vidas.
Cuando habían trascurrido treinta y tres años desde aquella noche sagrada en la isla de Iona, algo muy extraño ocurrió también con el rey Conchuba en Irlanda. Hacía tiempo que se daba cuenta de que la luz, el aire y el agua habían cambiado en su país. Los arcos iris ya no formaban puentes en el cielo sino que se extendían como ancho velo de sietecolores sobre el paisaje y desde el juego de luces en la rompiente se oía algo como una lejana música. A veces esta música acompañaba sus noches y entonces veía el maravilloso árbol de la vida que desde las profundidades del mundo se elevaba hasta el cielo, abarcando toda la órbita. Pero ahora esta música se había transformado en una canción y de ésta, semana a semana surgían palabras cada vez más comprensibles. Poco a poco estas palabras se transformaban en lamentos y Conchuba tuvo la impresión de que el canto brotaba de la madera misma del árbol de la vida, bajo el cual él se hallaba soñando, entregado profundamente al murmurar del mundo.
“¿Qué es en verdad aquello que sueles mencionar desde hace años y que yo estoy comenzando a intuir?” preguntó el rey Conchuba al sumo sacerdote de los druidas. Juntos atravesaban las vastas llanuras, las ondulantes praderas verdes en las que sólo se hallaban algunos árboles solitarios. “Arriba el Cielo abajo la Tierra y el círculo del horizonte rodeándonos,” Contestó Ruthwell, el druida, mientras sos ojos claros miraban hacia las lejanías.
“Arriba el Espíritu, abajo el Padre y en el centro la órbita en la que todos los astros, saludándonos, salen y se ponen. Es el Gran Círculo que abarca a todos nosotros y que está siempre presente aún cuando no lo vemos. ¡Oh, Magna órbita! ¿Cuál voluntad obra en tu cantro?” ·Cuál otra voluntad puede ser sino la de Aquel que rige el sol?”, dijo el rey. “Acaso el sol no describe diariamente su círculo bendito alrededor de la tierra, alrededor de todos nosotros?.”
Los dos hombres habían llegado a la sagrada colina rodeada por 32 piedras druidas en un ancho círculo. Allí se abría el portal hacia las profundidades, el templo subterráneo a cuyos altares sólo tenían acceso los iniciados de Irlanda. Allí Conchuba, el rey, era simplemente  el primer alumno del más sabio de los druidas. Pues Ruthwell conocía el recorrido de las estrellas que determina las siembras y las cosechas, enfermedades y curaciones, él, Ruthwell, percibía los epíritus servidores del mundo divino en el tejer de la luz, en el juego de las sombras, en el soplo del aire. Dijo entonces: “Veo los círculos del Sol estrechándose más y más, veo los colores del Dios solar reflejándose en el agua y en el aire. Veo su imagen impregnándose en las esferas mientras El desciende a nuestra Tierra” “¿Es por aquello que el árbol del mundo gime?” preguntó Conchuba con respiración contenida, pues recordaba sus sueños y los gemidos de la madera.
Habían descendido a las arcadas resonantes, un recinto cual una catedral. Los dos se arrodillaron en el extremo desde donde, a través de la abertura de la entrada, se podía ver la piedra  que únicamente resplandecía a plena luz cuando al mediodía del solsticio  de verano el sol se hallaba en su máxima altura. “Trece días después del equinoccio de primavera, el día de Venus, a la hora novena” susurro Ruthwell como si tratara de memorizar ese instante.”¿Qué decías? Del árbol del mundo y de su lamento no sé nada, sólo se que la Tierra está adornana como una novia con los velos multicolores de sus elementos Está ansiosa por recibir al que ha estado esperando desde el Principio y nos corresponde esperar hasta que lo veamos.
¿Cómo es posible esto que supera toda comprensión humana?” inquirió Conchuba, pero Ruthwell permaneció en silencio, Cuando los dos hombres regresaron por la campiña reverdecida, a la luz del sol ascendente, pasando alisos y fresnos, una gran tristeza ensombreció el rostro por lo general sereno del druida. Repentínamente se llevó la mano al corazón y tuvo que sentarse. “¿Qué te pasa?” preguntó Conchuba asustado. “Quieres que pida ayuda?” Desconcertado , el rey no atrevió a moverse:creyó sentir la tierra temblando. Poco a poco la vida volvió a los ojos apagados de Ruthwell. “He visto”, dijo este balbucente “Que el Dios del Sol ha sido crucificado por los hombres en tierra lejana, y el Sol, su estrella, se oscureció.”
Conchuba era un gobernante justo, pero a veces podía invadirle una ira repentina y entonces era mejor no enfrentarlo. Una vez había vencido y dado muerte a su adversario más poderoso, a pesar de que éste ya le había partido el cráneo haciendo saltar parte de su cerebro. Decían que luego los druidas habían tenido que injertar en su cabeza una parte del cerebro de su enemigo para poder curarlo. En ese instante en que Ruthwell le comunicó el hecho atroz, el Viernes Santo, a la hora de la crucificación en el Gólgata, la sangre le subió a la cabeza tan repentinamente que lleno de furia sacó el hacha del cinturón y empezó a golpear a los inocentes fresnos con tremenda fuerza como si ellos fuesen los verdugos o las mismas maderas de la Cruz. Pero el esfuerzo fue demasiado grande para la cabeza de Conchuba, la antigua herida se abrió, el cerebro salió por ella y el rey cayó moribundo a los pies de Ruthwell.
Ruthwell por su parte comenzó desde entonces  a enseñar aquello que había podido percibir ese y los siguientes días.
De esta manera la enseñanza cristiana llegó no como algo extraño sino como el más maravilloso regalo de Dios desde siempre conocido, cuyo descenso los seres elementales habían testimoniado a través de muchos años. Ningún pergamino ha perpetuado este mensaje, pero en leyendas y canciones ha quedado vivo hasta el día de hoy. Los mismos druidas que habían ofrendado al Sol, repartían ahora el pan de Cristo encima de los templos subterráneos que nadie destruía..
Valiéndose de la antigua sabiduría astrológica de los druidas, los monjes cultivaban sus tierras. La tierra era Su morada, la morada de Cristo y todos sus habitantes llegarían algún día a ser cristianos. Así como también los pájaros, los vacunos y los peces. La luz, el agua y el aire ¿No reflejaban ellos Su imagen desde hace tiempo? El pequeño trébol ¿No mostraba él la imagen de la Unidad en la Trinidad?. Cuando navegantes y soldados trajeron noticias de lo acontecido en el Gólgota siglos atrás, los celtas de las islas occidentales ya adoraban desde hace mucho tiempo y a su manera al Dios Cristo.
                                                                                  M. J. Krück v. Poturzyn
    
                          

viernes, 13 de enero de 2017

El Angel

El Angel

Que el hombre
 no sea indigno del Angel
cuya espada lo  guarda
desde que lo engendró
aquel amor
que mueve el sol
y las estrellas
hasta el último día
en que retumbe
el trueno en la trompeta.
Que no lo arrastre
a rojos lupanares
ni a los palacios que erigió
la soberbia
ni a las tabernas insensatas
que no se rebaje a la suplica
ni al oprobio del llanto
ni a la fabulosa esperanza
ni a las pequeñas magias de miedo
ni al simulacro del histrión.
El otro lo mira…
Que sepa que nunca
estará solo
en el público día
en la sombra
el incesante espejo
lo atestigua
que no macule su cristal
una lágrima
¡Señor! Que al cabo
de mis días en la tierra
yo no deshonre al Angel.


                        J. L. Borges






El amor es el ala veloz que Dios ha dado al alma para que vuele hasta el cielo. Miguel Angel Buonarotti

A un pedido para una publicación para Fundación San Rafael hace ya ocho años preparé un escrito cuyas palabras inspiradoras fueron las de Michelangelo (6.3.1475 - 18.2.1564), arquitecto, escultor y pintor italiano renacentista.
Creo que ha llegado el momento pensando en cada cosa a su tiempo, de colocarlas aquí. Sé que el editor de aquel entonces modificó el texto en muchas partes, tal vez su juventud o su deseo de hacer notar que un texto así requiere no sólo lectura, sino él lleva un mensaje y el mensaje debe poderse recibir de inmediato.
De todas maneras cada frase, vueltas hoy día a leer, tiene sentido si llama a reflexión y ese es el motivo principal poder recrear en uno mismo una profundidad que nos eleve de lo puramente cotidiano.


El amor es el ala veloz que Dios ha dado al alma para que vuele hasta el cielo.
                                                                                         Miguel Ángel Buonarotti

 “En esta nuestra conversación en escritura y lectura un tema nos refleja, es la vida, y en ella, la salud, la educación, el arte. Y podríamos describirla en su acción en el hombre, en el ser humano, en la naturaleza en nuestro entorno.

También nos acerca esta vida comprender la muerte que a su vez trae nueva vida…pues nada es completo si no tenemos el devenir en nuestra mira.  Ver el cielo y la tierra, es ver el sorprendente recién, forman una unidad manifiesta, cumplen un todo.

Cada año en su fin trae en su fase última una propuesta venidera, el crecer, el florecer, el fructificar, el decaer, el perecer y, el volver a la vida.

Nadie duda de ello hoy, más busca la confirmación de éste su saber mas profundo. Quiere el ser humano guardar, atesorar, recordar y sabe que debe ser libre de todo peso terrenal para ascender. Para poder, sin ataduras que se lo impidan, escuchar la voz celeste, la voz angelical y oír los coros divinos que anuncian un nuevo renacer, el renacer del espíritu.

En el espíritu de Aquel que valora la vida de manera tal que es capaz de redimirla, de crearla día a día. Limpia y pura en la naturaleza vegetal. Serena, confiada y entregada en la vida animal. Sufriente, doliente y a la vez esperanzada en la vida humana capaz de comprender el “Amaos los unos a los otros”, y realizar esto en la vida.

Y en esa comprensión dar cabida al encuentro humano capaz de reconfortar, apoyar, sostener la continuidad de la salud, también la del alma y el espíritu en ejercicio y trabajo.

Nadie niega su destino, muchos temen, no confían, no reconocen la sabia guía de la mano creadora, es ella la que nos acompaña... No vemos su designio, vivimos su resultado y en el correr del tiempo recién nos admiramos, cuando sentimos “Que es bueno”-

El año caduca, la vida renace en la imagen del Niño que llega al mundo, lleno de dones trae la alegría, con su llegada se olvida la pena y el alma se alza de su sino, se eleva en agradecimiento y aprende, perdona, como es perdonado su error, su olvido, su dolor.

El horizonte se abre para el nuevo comienzo, el año se presenta austero, y a la vez noble, nada será superfluo, todo estará preparado para ser compartido, ser eximido, ser agradecido y poder alabar la creación divina cuya manifestación es la vida en esta nuestra tierra, con su luna y entre planetas y estrellas.

 Y en la vida, en ella, la salud, la educación, el arte, en el ala veloz.”

Michelangelo 1475-1564


La Loma*, 24 de Diciembre, 2008. Tatiana Schneider

* La madre de Wolfram Schneider llamaba así a nuestra casa y lo conservamos.

¿Cómo sería, hacer una retrospectiva a la mañana sobre la noche?

¿Cómo sería, hacer una retrospectiva a la mañana sobre la noche?
                                                                                              Sebastian Jüngel
Miradas en la Conducción del Goetheanum.
Los umbrales dormirse y despertarse

Florian Osswald hizo notar a los miembros del Goetheanum en la reunión con los colaboradores del Goetheanum dos momentos especiales en la vida humana; señaló el dormir y el despertar. Cada vez allí nosotros cruzamos un umbral. El Co-director de la Sección Pedagógica, estimuló a utilizar este cruzar como oportunidad de ejercitar diariamente y hacerla útil. Junto con la retrospectiva de la noche sobre el día trascurrido, puede uno realizar a la mañana una retrospectiva de las vivencias de la noche.

Primero será algo desacostumbrado, luego se abren cada vez más recuerdos y recuerdos,  y de esto  Florian Osswald está seguro.

Como preliminar de este consciente tomar ambos pasos a través del Umbral ustedes intercambian ambos traspasos del umbral entre dos, sobre vuestras experiencias sobre el dormirse y el despertarse.

Importante es para Florian Osswald que uno mismo, este ir a dormir y despertarse totalmente. lo comprenda como una cultura y se asuma. No es solamente para ser cultivada con los niños, sino también y con justicia en la edad adulta.

Entra uno al dormirse en un ámbito del cual no se es consciente: la voluntad periférica, así se aprehende al despertarse la conciencia diurna de la representación.

Los polares ámbitos de las vivencias son realizados a través del mismo ser, la propia individualidad unida como un conjunto.

A través de un elevado prestar atención, pueden aparecer sin embargo también ciertos problemas: Uno no se duerme (bien), uno no se despierta plenamente. Para impulsar el dormirse se puede hacer a través de ejercicios de euritmia curativa, uno puede en principio entrar mejor en su cuerpo, que a su vez es premisa, para desprenderse mejor de él.

Y para apoyar el despertar, aconsejó  Florian Osswald, meditar:  Con ello uno se une con las fuerzas de la conciencia, de poder estar consciente.

Das Goetheanum Nº48 -  25 de Noviembre de 2016 – Conversación, en la pág. 12.

Florian <Osswald
Sebastian Jüngel
















Versión castellana Tatiana Schneider