martes, 22 de enero de 2013

De mis viajes con el profesor Georg Glöckler

Traten maestros de ver las notas, especialmente las de nuestro propio hijo con ojos de maestra, no con ojos de mamá. Desde nuestra experiencia de educadores. Cuesta y duele que colegas exijan y usen números que no estimulan… lo comprendo muy bien. Pero tened por seguro que fuera de lo Waldorf también hay maestros que tienen ideales y son amorosos con los niños y ven sus aptitudes, no sólo el número en el boletín de calificaciones… lo he podido comprobar siempre!

Mi hijo tendrá una maestra así, es mi esperanza cada año, la que lo incentive a esmerarse y esto será si yo la aprecio en la escuela, en cualquiera, aunque no será la waldorf… las aptitudes van por el corazón. Y es así, cierto, que si los niños no logran algo, es porque nosotros no lo hemos sabido hacer mejor. Esto tiene que darnos fuerza para querer seguir siendo maestro… y tener siempre esa manera de verlo, en los niños, si no avanzan, nosotros mismos somos los responsables.


El profesor Georg Glöckler contó que en sus primeros andares como maestro, el solía preguntar si habían comprendido sus explicaciones y sucedió una vez que algunos levantaron la mano y dijeron que no. El volvió a repasar todo y sin embargo igual un par no habían entendido. Una niña cuando el comenzó la cuarta explicación le pidió permiso para decir algo. Comentó Georg que esa niña era muy capaz y muy despierta. Y nos indicó que de ella lo aprendió:

Ella le dijo: No lo comprendi señor, porque usted lo explicó todas las veces de la misma manera…

Aprende a querer a la nueva maestra, a tu hijo le irá muy bien aunque se encuentre entre alumnos más o menos brillantes, importa que lo que él haga sea brillante para nosotros y podamos apreciar cuando lo puede, lo quiere o no, hacer mejor.

Importante es que ustedes como padres, también como maestros en ejercicio y con hijos en la escuela, no se sientan decaídos por la nota, al contrario, será de esmerarse, y ver en que otras materias tienen los niños mejores condiciones… de eso se trata el saber educar.

¿Quién fue ésta profesora de Historia?

Conozco aspectos del alma a través de una profesora de Historia la cual  me dijo en un momento que hoy agradezco enormemente, otrora fue funesto durante el apurón de tres días...

Los varones no cruzan de acera a acera para saludar a un profesor, sí las mujeres. Buen día.

Si veo que alguien es capaz en Historia le exijo, tiene que esmerarse y todo el año. Su vocación debe ser ejercitada. A ti, como todo el año ni te preocupaste te doy tres días y pasas a dar lección, tema de todo el año. Si das bien, pasas y no vas a Marzo, si no pasas ya sabes que durante el verano estudiarás. Hasta luego.

Y esto en la calle frente casi a la Escuela Nacional de Comercio de San Isidro, donde pasé mi secundaria.

No fui a Marzo, fue una experiencia maravillosa pasar por los temas del año, se puede hablar de aquello que llamó la atención, se tiene libre elección y esto conduce a la experiencia del desenvolvimiento personal, por ende a  lo temático interesante por vivencia propia.

No sé si ella sabia si yo estudiaba… algo al menos, simplemente Historia no era mi fuerte. Y esto lo tenía esa educadora muy claro. Me daba sin embargo la oportunidad.


Y una vez escuché de los alumnos que nadie la quería por exigente, tampoco yo entonces,  y hoy, viéndolo con la experiencia de la vida, es al revés. La llevo en mi alma con sumo agradecimiento, aunque no recuerde su nombre. Conservo sus ojos, sus palabras, su figura allí en la acera, impregnada en mi alma, en mis mejores recuerdos. Hoy comprendo la historia…desde la vida que he recorrido.

Los maestros Waldorf tienen esa  pasta, como la de esta profesora argentina, quien luego me dio una pauta. Si quieres saber historia argentina tienes que leer los tomos de Rozas, es un historiador brasilero, el mejor. Pues en historia generalmente la escribe el vencedor y no el investigador. Posteriormente el investigador tiene la vigencia y sabe de los sucesos de la realidad.

Recordé su nombre en una conversación con un señor quién también fue su alumno en la misma escuela de Comercio de San Isidrio y ambos no olvidaremos a la señora Ghibaudi descendiente de historiasores conocidos,.,tambien de escritores".

Por esto tú también apreciado lector para mi desconocido, mira a los maestros y a ti mismo con otros ojos. Blandos no, duros tampoco, pero severos y con cariño, correctos, fuertes y veraces. La misma vida te enseñará donde están los verdaderos valores.

Tatiana Schneider 22.1.2013

miércoles, 25 de abril de 2012

Dr. Karl Schubert y las "prácticas" en educación

Karl Schubert . Viena 25 Nov.1889 -Stuttgart 3 de Feb.1949
La esposa del maestro fundador de la escuela Waldorf en Hamburgo al término de la segunda guerra mundial, después del fallecimiento de este maestro decide editar de su diario, diferentes escenas de su vida, aquellas vivencias que este maestro waldorf guardaba como un tesoro, lo hace pensando en futuros maestros y en su deseo de conocer más humanamente a Steiner y no solo de sus escritos y conferencias.

Una señorita, Lieselotte Wachmann, otrora maestra waldorf y directora de la Escuela Rudolf Steiner de Buenos Aires estuvo como practicante en el aula de Heinz Müller 1899-1968, este maestro alemán, y me relató que ella estaba impresionada de su bondad y su saber para con los niños. Podía decir como se sentía anímicamente cada niño con sólo darle la mano a la entrada al aula y hasta intuir algo de su salud. Y, dar la mano a sus alumnos, lo hacía este educador todos los días al comienzo de clases.

En ese pequeño opúsculo que edito la esposa figuran dos experiencias interesantes.
Una relacionada con su propia práctica en el aula del Dr. Karl Schubert en la Primera Escuela Waldorf de Stuttgart. Schubert se ocupaba de los niños diferenciales, de los niños especiales o con dificultades de aprendizaje, maestro de una piedad enorme y católico por su religión, profundamente compenetrado con Cristo y profundo conocedor de Antroposofía.
Este joven que luego será maestro en Hamburgo-Wandsbeck viene agitado por la calle y alcanza a una persona que camina delante de él y le pregunta donde queda la Escuela Waldorf, diciendo primero en su saludo Grüss Gott,  “Saludo a Dios”, equivale a nuestro Ave María Purísima, aquel saludo que se decía antes en el campo cuando uno llegaba a “las casas”. El señor sonriente le indica y el joven da las gracias y continúa apurado diciendo que teme llegar tarde. El joven tenía una entrevista con Rudolf Steiner y Steiner lo lleva al aula de Schubert para que le acompañe allí en la enseñanza y así también haga su práctica. Schubert lo saluda muy cordialmente diciendo nos hemos conocido recién y saludado, y le indica trabajar con un niño el prólogo del Evangelio de San Juan junto a una ventana del aula, en griego. En 1919, 20 ó 23, y antes los educadores también tenían las materias griego y latín.
Y así se hace mientras Karl Schubert está ocupado con otros niños, este maestro repite y repite frente al niño el prólogo de San Juan y viendo que el niño no reacciona para nada decide tomarlo por los brazos y con una cierta energía y rítmicamente junto con las palabras mueve los brazos del niño. Él mismo entra en calor por esta tarea, se saca la chaqueta y continúa por un espacio largo de tiempo con ello, habla él rítmicamente y agita los brazos del niño con los suyos, por supuesto, de allí el  calor que siente.
Desilusionado al ver que nada cambió en el niño, y que este nada repite, aplica más energía y rapidez ascendiendo y descendiendo con el habla. Cansado da un fuerte sacudón a los brazos y los larga junto con los del niño como si fuesen muy pesados. En ese momento, al soltar los brazos, el niño dice todo el prólogo y al finalizar se escucha a Schubert quien se dirige a toda el aula.
¡Niños, hoy es un día maravilloso, un joven muy agradable temprano me saluda como se saluda en mi patria,  Rudolf Steiner nos lo presenta y lo deja aquí para que aprenda con nosotros, esto es ya una alegría y  aún tenemos una alegría mayor, pues miren, además, el mudo habla!


Heinz Karl Emil Müller  1899-1968
Müller en Hamburg-Wandsbeck
La segunda anécdota tiene que ver con el joven mismo, su salud, su destino. Tiene una peritonitis, el apéndice perforado, está grave en la mesa de operaciones y ve a los médicos alrededor de su cuerpo que está en la camilla y lo están operando. El se da cuenta que los está viendo desde el cielorraso y casi inmediatamente se encuentra fuera del hospital mirando la entrada. De pronto oye una voz muy profunda, solemne y poderosa que lo llama por su nombre completo, nombres de pila y apellido: Heinz Karl Emil Müller, Inmediatamente oye que los médicos dicen “Ha vuelto, está vivo, sigamos” y finalizan la intervención. El se recupera y esta experiencia lo tiene preocupado ¿Quién es la persona o el ser que le ha llamado así, para devolverle la conciencia de sí mismo en su cuerpo?
Con esta pregunta interna va a Dornach con intención de conversar con R. Steiner sobre ello y llega a tiempo para una conferencia. Durante la conferencia Steiner habla de diversos temas relacionados entre sí como es su habitual y entre ellos hace referencia a la individualidad que llama a los suyos por su nombre completo. Al final de la conferencia Steiner suele ser saludado y también el joven se acerca y le agradece haber recibido la respuesta a su pregunta tan de su corazón. Rudolf Steiner le dice preguntando ¿Usted la ha oído? Responde: Si y estoy muy agradecido. Entonces está bien. Y ese es todo el diálogo del encuentro.
Los maestros waldorf recibían las últimas conferencias de Steiner mimeografiadas, cuando este joven recibe aquella que él mismo ha escuchado, busca, para releer la respuesta una vez tan ansiada. Y esta no está. Sabe cuales son los colegas que han estado en el mismo banco, sentados junto con él en aquella conferencia y les pregunta. Nadie oyó lo que él oyó y además… no fue publicado. Recién ahora comprende el ¿Usted lo ha oído? Entonces está bien, de Steiner.
Y para que no se queden sin saber… quien es aquel ser que llama espiritualmente a los suyos por su nombre completo, lo digo, es Christian Rosenkreutz.

De pronto recuerdo una tercera anécdota que pinta a Steiner en sus respuestas concretas. Este mismo joven tiene una experiencia espiritual, un instante, muy marcada. Sin más ni más se sube al tren a Dornach, casi sin pensar mucho decide ir a ver a Steiner de inmediato para que éste le confirme si ha sido una experiencia espiritual.
Cuando están  frente a frente el joven le relata porque ha venido, Steiner le pide que por favor le cuente…Oh, sorpresa, el joven enmudece, piensa unos momentos y dice Sabe doctor, lo he olvidado. Compungido repite ¿Por qué lo he olvidado? A lo cual Steiner dice: Cierto, usted ha tenido una experiencia espiritual, una experiencia espiritual es rápida, un instante e inmediatamente, si es un experiencia espiritual verdadera, inmediatamente se la olvida.

Estas palabras me ha hecho comprender  el porque de tantos libros de notas -del tipo de las libretas negra forradas de hule, las de almacenero de antes- que usaba Steiner, la cuales hoy día se conservan en  archivo, en las cuales los estudiosos encuentran aún sorpresas, aforismos, sentencias, lemas, frases sintéticas de todo tema. Una dice Amor, Bondad, Verdad. Estas tres para ejercitar.

Usted tiene mucho por hacer


Una joven inglesa dedicada a la meditación, era muy consciente en esa tarea, le comentó a una amiga que ella tiene un maestro, un maestro espiritual, que le aconseja, se aparece, en sus ejercicios meditativos, pero no sabe quien es. Esta amiga le comenta que en Europa, en tierra firme, como acostumbran a decir los ingleses, vive un clarividente extraordinario y habla en público sobre temas ocultos. Una convence a la otra y vienen a Europa a escuchar a Steiner. Cual no sería la sorpresa y grande además. La joven le dice a su amiga: Pero….éste es mi maestro. Al término de la conferencia se acercan a saludar al orador y la joven le pregunta a Steiner si ella debe seguirlo, acompañarlo en sus conferencias, aprender de él. Steiner le responde escuetamente: Si nosotros nos vemos, no es necesario que se quede, vuelva a Inglaterra, usted tiene mucho por hacer allí.

martes, 24 de abril de 2012

Desde su estrella me acompaña


Si no me equivoco lo leí como una historia, y sé que es real. La revista europea de la Comunidad de Cristianos tenía un espacio para las cosas del alma, pero para las especiales donde los milagros están presentes, donde los momentos decisivos tienen un valor de lo eterno humano casi angelical.
Un abuelo muy anciano vivía con su hijo, la nuera y un nieto. También llegó el momento de partir y no se hace un viaje así sin ver a sus amores, sin despedirse, sin decir algunas grandes palabras de consuelo, las cuales nos acompañarán luego durante toda la vida. Serán las últimas, en el sentido de oírlas verbalmente, luego, si amamos mucho, la oiremos en nuestros silencios o se volcarán en nuestras propias palabras…
Así con las de Goethe a su valet “Más luz” y el anciano que le acompañó durante gran parte de la vida, abre la ventana…y Goethe simplemente decía lo que veía en ese momento de partir hacia su origen.
El nieto era pequeño, los padres dudaban si hacerlo entrar en la habitación del abuelo, tanto el abuelo como el nieto querían verse, aunque ninguno de los dos lo expresaba. El umbral estaba cerca, el abuelo desde su lecho dice a sus hijos: Dejadle venir, me gustaría despedirme y quedad tranquilos el estará bien cuidado, nos queremos tanto, será para bien.
Y así dejaron que el nieto entrase, y los dejaron solos, como una premonición especial, y al cerrar la puerta la sonrisa del abuelo iluminó su cara y a ellos los corazones plenos de confianza divina. Y los dejaron solos.
Paso un tiempo, los padres temerosos nada oían aunque estaban cerca de la puerta, ellos tampoco deseaban estar en quehaceres en esos momentos, se espera con el corazón abierto…
El niño abre la puerta, con ojos brillantes, alegre, nada pesarosos, una felicidad lo inunda “Mamá, papá, el abuelo se ha ido. Hablamos de adonde iría y lo vi, lo ví ir hacia arriba, con mucha luz, sonriente, diciendo que desde su estrella me acompañaría, me vería crecer y podría hablarle todas las noches, en silencio, antes de irme a dormir, el me escuchará”
Los padres vieron el rostro sereno del anciano sobre sus almohadas. Sintieron, más que recordaron,  la sonrisa que aún recibieron de él en vida, es la que desearon conservar, aquella que inundaba la cara del abuelo al ver entrar a su nieto y con la que se despidió de ellos, los dos quienes también le amaban. Por ello querían relatar para otros la ida del abuelo, su sonrisa junto con las palabras del niño.

martes, 17 de abril de 2012

El motivo de las anécdotas


A mí siempre me interesó saber algo más de la vida de Steiner, tal vez porque mis suegros lo conocieron siendo ellos jóvenes.
Me gustó saber de personas que lo conocieron, de los que hablaron con él, de aquellos a quienes aconsejó personalmente. Y las anécdotas son mis recuerdos de escenas leídas u oídas también, contadas con mis palabras. La mayoría está en alemán y no las conozco recopiladas, sino se encuentran en las memorias y diarios personales de la gente, o en reseñas de la vida que se escribieron después del óbito.

Una revista antroposófica alemana pidió hace unos 5 años que si aún viven personas que conocieron a Steiner escriban su recuerdo, su vivencia y sí aparecieron algunas más. Si no me equivoco ha fallecido, en Estados Unidos la última persona que lo conoció, hace dos o tres años, una granjera.

Uno de los jóvenes educadores por los cuales R. Steiner dio el Curso de Educación Especial falleció en Schloss Hamborn, Alemania, una institución de pedagogía curativa, hogar, escuela que el mismo generó cuando cada uno de sus compañeros decidió “crecer” en otro sitio,  falleció a los 106 años, después de hacer una fundación con sus bienes para continuidad de  la formación de maestros de la educación especial antroposófica. O sea apenas hace un par de años.
Este señor decidió cuando cumplió los 70 años, la edad definitiva de la jubilación alemana, que dejaba esa tarea a todos sus compañeros y a la gente nueva y se iba de viaje para no molestar con sus consejos de la experiencia la tarea de los “nuevos”. Cuando regresó, al cabo de un año, todos se habían amoldado, practicaron solos, también discutieron y se aplacaron, pues en sus tareas diarias estaba la meta: los niños, que llamaba constantemente.  Y entonces se quedó en el lugar, ahora por pedido de sus amigos, realizando otras tareas, sin dedicarse a la conducción de todo el hogar escuela como antes. Y venían a su casa a pedirle consejo, a conversar, a aprender algo más, ahora de otra manera…
Se “dice” que R. Steiner le dijo cuando comenzó con sus compañeros, él lo guardó así en su corazón: ahora que usted también está daré el curso. Y se comenta que es el único curso que Steiner ofreció por sí mismo, nadie le preguntó si lo podría hacer, Steiner mismo quiso hacerlo y esas palabras lo comprueban.
Estas palabras se editaron recién en su reseña de vida, después de su fallecimiento, pues este señor consideraba que no debía enorgullecerse por ellas.


Anna Samweber

Anna Samweber 1884 - 1969

Una vez, todavía en la época que Steiner enseñaba en Berlín, Marie Steiner envió para un arreglo su reloj con brillantes al relojero. La señorita Anna Samweber, quien también vivía con ellos en la misma casa de la calle Motzstrasse, recibió el encargo de ir a retirarlo ya que iba por diligencias al centro de la ciudad. Y cuando regresaba, anocheciendo, debía pasar  por unas calles algo oscuras en las cercanías de la estación del ferrocarril, no le gustaba mucho esto e iba prestando atención, cuando un hombre salió de las sombras y la enfrentó para quitarle su bolso. Samweber comenzó a gritar Doktor hilf! Doctor ayuda! Y a tan viva voz que el ladrón huyó. A la mañana siguiente en el desayuno Rudolf Steiner junto con los buenos días comentó “Sam, pues así la llamaba, usted no tiene que gritar tan fuerte en la calle” y sonreía pícaramente, con lucecitas en los ojos.